A) INTRODUCCIÓN HISTÓRICA.
Durante el transcurso
de la Asamblea
General de Estrasburgo, celebrada en Julio de 1969, La Federación Internacional
de Educación Física
(F.I.E.P.) decidió llevar a cabo un estudio, en primer lugar, para
posteriormente publicar un “ Manifiesto Mundial sobre la Educación Física
“ cuyo objetivo era contribuir a que la Educación Física
recupere su verdadero puesto en el sistema general de educación.
Un primer texto
publicado en inglés, francés, español y portugués en el Boletín de la F.I.E.P.
sirvió de base para el estudio, siendo difundido entre los países
miembros.
Tomando como punto de
partida las numerosas opiniones y sugerencias recibidas, la F.I.E.P. se reunió
en Lisboa en Agosto de 1970. En dicha reunión estuvieron presentes los
representantes de 22 países, trabajando durante tres días en el proyecto. A
partir de ello, una Comisión de redacción elaboró después de seis meses el
Manifiesto.
Poniéndose de relieve
la necesidad de que los educadores y participantes hayan encontrado la
definición de muchos principios de la Educación Física
y el deporte, con el objeto de contribuir a la causa de la Educación.
B) CONCEPTO GENERAL DE EDUCACIÓN FÍSICA.
La Educación Física
es la parte de la educación que utiliza de una manera sistemática las actividades
físicas y la influencia de los agentes naturales: aire, sol, agua, etc. como
medios específicos.
La acción “física” se
considera hoy día como un medio educativo privilegiado, porque compromete al
ser en su totalidad. El carácter de “unicidad” de la educación por medio de las
actividades físicas es universalmente reconocido. Por necesidades del análisis
teórico distinguiremos, no obstante, los objetivos particulares
siguientes:
1. Cuerpo sano y equilibrado.
Apto para
resistir las diversas agresiones del medio físico y social, lo cual exige un
entrenamiento racional de las funciones de adaptación que llevan a una salud
siempre renovada, estado superior al de la simple ausencia de enfermedad. Es un
fin higiénico, fundamental ( que la higiene y la medicina persiguen por medios
en parte diferente) el cual no debería perderse nunca de vista.
2. Aptitud para la acción.
Cualidades
perceptivas: Sutileza en las percepciones internas (conocimiento del propio
cuerpo), rapidez y seguridad en las percepciones externas (agudeza de los
sentidos).
Cualidades
motrices: Agudeza óptima, velocidad, fuerza, habilidad, resistencia,
capacidad de relajación... que permitan la eficacia de los actos y su
rendimiento máximo.
Cualidades
de dominio de sí mismo y de juicio: Comprensión de las
situaciones y facultad de encontrar rápidamente las soluciones
convenientes.
El conjunto
de estas cualidades psicomotrices -dependientes a menudo unas de otras- debe
facilitar la adaptación a las actividades de la vida ordinaria, de la vida
profesional, así como a las actividades físicas realizadas durante el tiempo
libre.
3. Valores morales.
La Educación Física
tiene que ser “moralidad de acción”. Son factores específicamente determinantes
de esta moralidad el clima ético de las sesiones y el medio social activo ( en
la actualidad de grupo) que pueden instaurar los educadores.
En el mundo
actual -y más aún en el mundo del mañana en el que debemos pensar
constantemente cuando se trata de educar a los niños -estos objetivos de la Educación Física
tienen una importancia social considerable.
Evidentemente debemos tener en cuenta el hecho
social particular de cada país : el concepto de educación y los medios de que
se disponen para este fin dependen siempre del cuadro político, económico y
humano.
Pero
teniendo en cuenta la evolución probable de las sociedades actualmente en vías
de aplicar la
Educación Física, pueden determinarse una líneas
comunes.
Será
necesario preparar el niño cada vez mejor y ayudar a los adultos y a las
personas de edad avanzada a reaccionar de forma eficaz para su equilibrio
psicofisiológico contra los efectos nefastos de la mecanización, del
sedentarismo, de la polución, de la fatiga nerviosa provocada por el ritmo
precipitado y las tensiones de la vida civilizada.
Será
cuestión de despertar y mantener, cada vez con mayor intensidad, el entusiasmo
por el esfuerzo físico y el sentido de lo que una vida sana representa, para
poder luchar contra los grandes males que son el alcoholismo, la droga, la
pereza física, la falta de entusiasmo, etc.
C) LOS MEDIOS DE LA EDUCACIÓN FÍSICA.
El medio
específico de la
Educación Física es el ejercicio físico, es decir, la
actividad física sistemática concebida para ejercer (educar, entrenar, perfeccionar).
No es la
naturaleza del ejercicio la que juega aquí un papel determinante sino la
atención que anima el acto, ya que es esta intención la que le da su
orientación general y sus formas particulares y la que determina, en
definitiva, sus resultados sobre el individuo. Toda actividad psicomotríz,
concebida primordialmente como un fin educativo, se integra en la educación física, que
se caracteriza, en suma, mucho más por un estado o espíritu que por la elección
de tal o cual técnica. Las técnicas no son más que “instrumentos” infinitamente
variados y en continua evolución, que se utilizan en función de claras
intenciones educativas, en relación con condiciones concretas de aplicación
(estado de los alumnos, instalaciones, tiempo, etc.).
Y es a este
nivel superior de la intención cuando se realiza la Unidad de la Educación Física,
la armonía entre técnicas fundamentalmente diferentes a veces, pero que
coinciden en cuanto a la intención de conseguir un mismo fin.
Los
intentos de clasificación de los ejercicios físicos son muy numerosos. Toda
clasificación en el ámbito de las cosas cuyas “fronteras” son siempre
indecisas, es forzosamente artificial y convencional. En función de la
intención principal que anima al acto proponemos una clasificación que nos
parece la más general y la más sencilla.
1. Los ejercicios educativos
propiamente dichos.
Las formas
y situaciones se eligen o se crean únicamente para conseguir fines formativos y
educativos considerados como fundamentales: obtención y mantenimiento de una
agilidad óptima, desarrollo de la fuerza, de la resistencia; conocimiento y
dominio de si mismo, etc.
2. Las actividades prácticas,
los juegos y los deportes.
La
intención primordial es alcanzar un fin concreto, inmediato; distraerse, vencer
a un adversario o batir un récord. Para que permanezca dentro del ámbito de la Educación Física
es necesario que estos ejercicios estén animados, al menos en el espíritu del
educador, de una intención educativa.
El carácter
formal de los ejercicios de la primera categoría hace de ellos, al menos para la mayoría de
los alumnos, actividades de débil motivación. Pero estas actividades no deben
ser descuidadas, ya que son esenciales en los primeros períodos de formación.
Compete al arte pedagógico hacerlas interesantes para todos los alumnos.
Los
segundos son, en general, ejercicios de fuerte motivación. Su uso es delicado,
sin embargo, porque representan el campo de batalla entre el interés práctico o
competitivo y el interés educativo, entre la pasión y la razón.
Pero
frecuentemente, en la práctica pedagógica, estas dos categorías de ejercicios
pueden -y deben- estar relacionadas por una misma motivación general : el
dominio y la afirmación de sí. Esta relación debe establecerse muy
especialmente a nivel de las actividades deportivas tan frecuentemente
utilizadas hoy.
Lugar que ocupan las actividades deportivas en
la Educación Física.
Las
actividades deportivas comprenden:
1. La competición deportiva organizada
sistemáticamente, generalmente por las Federaciones deportivas. Es la forma
más conocida y más característica del deporte actual. Procede principalmente
por eliminación y selección. está estrictamente codificada en las formas
técnicas, el número, la duración, etc.
2. El
entrenamiento deportivo, que comprende el conjunto de actividades que se
llevan a cabo como preparación para la competición deportiva. Su objetivo es la
“puesta en condiciones generales”, después “especiales” y por último “la puesta
en forma”. Por naturaleza, persigue en un principio los mismos fines que la Educación Física:
mejoramiento de las cualidades fundamentales (agilidad, habilidad, fuerza,
resistencia, dominio corporal, etc.) entrenamiento de la voluntad, etc.
3. El deporte-juego, que es la
competición libremente adaptada para satisfacer esencialmente las necesidades
recreativas y educativas. Ejemplo: jugar al baloncesto entre compañeros, en
equipos improvisados. Esta forma de deporte no elimina a los débiles. Puede
prescindir de espectadores y de instalaciones costosas. Depende exclusivamente
de los educadores o de los mismos practicantes que pueden modificar a su gusto
alguno de las reglas para una mejor adaptación a las necesidades y a las
posibilidades de cada uno. No es difícil comprender que el entrenamiento
deportivo y el “deporte juego” se integren fácilmente en el sistema general de
Educación Física. En el mundo actual conviene darles un lugar importante porque
responden a una gran necesidad durante el tiempo libre -y en el período escolar
de formación- y obedecen a una fuerte motivación. El uso de la competición
deportiva clásica es mucho más delicado. La acción del educador -y de los
dirigentes y entrenadores de clubes, la de los médicos y periodistas también-
es, en este caso decisiva. Deben tomarse todas las precauciones posibles para
que la competición tenga un seguro valor informativo y educativo. Es necesario,
por consiguiente, utilizarla con prudencia. Debe además tenerse en cuenta que
se trata, en cualquier caso, de un sector de acción limitado en cuanto al
número de practicantes y en cuanto a la duración de la práctica real (unos diez
años de protagonización activa por término medio) Las mayores oportunidades de
éxito -y la acción humana más positiva- se encuentran en el ejercicio de la
acción en favor del deporte para todos. Deporte para todos será ente todo el
deporte-juego y el deporte de competición clásica, pero concebido
primordialmente con fines recreativos y educativos. No puede, en efecto,
basarse fundamentalmente en las estructuras actuales del deporte federado, de
la competición selectiva, porque esto conduciría inevitablemente a las
derivaciones ya señaladas.
En primer
lugar, será el deporte escolar y universitario dirigido por los
educadores, liberado de la tendencia a vencer a cualquier precio, dependiendo
lo menos posible de imperativos financieros, organizado de acuerdo con nuevas
fórmulas que permitan la participación de los más débiles y con una frecuencia
y una dosificación adaptadas constantemente a las posibilidades de los alumnos
y a las necesidades de los estudios (de forma que sea útil para los estudios y
no les perjudique).
Será el deporte
familiar y el deporte corporativo practicado como ocio. En los clubs
deportivos el partido amistoso, de nuevo puesto en práctica, saldrá fuera de
las reglas imperativas de duración, de sustitución de jugadores, etc.,
conservando así todas las calidades de fruición característicos del juego.
El deporte para todos será el deporte de los
practicantes y no de simples espectadores.
De este
“deporte-juego”, de este “deporte distracción”, verdadero deporte de masa,
emergerá entre los jóvenes una elite que se exigirá al máximo como lo hace
actualmente; podrá esperarse entonces con un espíritu diferente, “un deporte
más puro, más caballeresco, más transparente, más tranquilo” como Pierre de
Coubertin soñó.
D) LAS TÉCNICAS Y LAS FORMAS
PEDAGÓGICAS.
La educación física es una
ciencia relativamente nueva. No puede ser dogmática ni estar fija a ciertas
técnicas o a ciertas formas pedagógicas.
Para
asegurar su necesaria evolución, determinar las técnicas mejores y las formas
pedagógicas más eficaces, es necesario que la investigación científica en educación física se
organice mejor y alcance un mayor desarrollo.
Tenemos que
lamentar el hecho de que hasta ahora los Centros de Investigación han orientado
sus trabajos, de forma demasiado específica, hacia el conocimiento de las
consecuencias del esfuerzo extremo y de la adaptación orgánica y psíquica a
condiciones difíciles (altitud, natación submarina) e insuficientemente hacia
los problemas fundamentales de la educación física escolar y “del deporte para
todos”.
La
investigación científica debe estar en manos de especialistas experimentados
agrupados en equipos de trabajo, en centros Regionales o Nacionales de
investigación (manteniendo contacto entre si a través de organizaciones
internacionales, así como con otros Centros de Investigación biológica,
psicológica, sociológica y pedagógica). No debemos olvidar nunca que la
experimentación se hace necesariamente con grupos de niños “material
experimental” que no puede ser sacrificado por nada, por lo que debe efectuarse
con competencia, prudencia y profundo sentido humano.
Por otra
parte, le Educación
Física debe considerarse como una ciencia aplicada importante
con su ámbito propio y sus métodos específicos y que puede contribuir también
al progreso de las otras ciencias humanas, mediante aportaciones mutuas.
El
conocimiento empírico actual y los iniciales datos científicamente establecidos
permiten ya, no obstante, llevar a cabo una acción muy positiva en el ámbito de
la educación a través de las actividades físicas. A continuación, se exponen
algunos principios fundamentales que pueden servir de guía para la acción de
los educadores.
1. Grado biológico de
esfuerzo.
El esfuerzo
sólo es educativo -traduciéndose por un progreso- a partir de una cierta
intensidad y de una repetición suficiente. Es el principio del sobreesfuerzo
científicamente establecido, tanto en biología como en psicología.
2. Dosificación del esfuerzo.
(Adaptación a las posibilidades individuales).
El esfuerzo
debe ser lo suficientemente intenso como para entrar en el sector positivo del
grado biológico, pero debe evitarse el exceso que lleve al agotamiento.
En educación física llegar
al “surmenage” (bien se trate de sesiones escolares o de gimnasia voluntaria
para adultos) es algo excepcional. Por el contrario el nivel alcanzado está
frecuentemente por debajo de la intensidad o de la cantidad (insuficiencia de
los horarios) necesaria. En el entrenamiento deportivo y sobre todo en la
competición deportiva es bastante frecuente llegar a los límites fisiológicos.
Si bien es esfuerzo intenso es beneficioso para los jóvenes (tanto desde el
punto de vista fisiológico como psicológico) puede llegar, sin embargo, a ser
peligroso para los adultos y las personas de edad avanzada y su repetición
puede llevar a todos al surmenage. La prudencia y el control médico regular son
en este caso una necesidad. Es competencia de la Biología y de la Pedagogía
resolver el delicado problema de la dosificación individual en la enseñanza de
grupo.
3. Primacía del entrenamiento
general.
En el
período esencial de formación corporal, mental y afectiva de la infancia y de
la adolescencia, la acción educativa debe centrarse en el desarrollo de la
disponibilidad, de la aptitud para aprender y de las cualidades fundamentales
(salud, agilidad, rapidez, fuerza y resistencia, cualidades de juicio, dominio
de sí mismo, etc.).
Esto
implica un entrenamiento físico general con ejercicios muy diversos en
situaciones igualmente variadas. Es la mejor preparación para las acciones
futuras de la vida ordinaria, de la vida profesional y de la especialidad
deportiva. En el plano del deporte educativo conviene evitar toda
especialización prematura. No conviene aprisionar demasiado pronto al niño a
una sola actividad y en un medio cerrado que modelarían su cuerpo y su espíritu
bajo un condicionamiento estrecho y que podrían hacer abortar muchas de sus
posibilidades personales. Es necesario -como en los demás ámbitos de la
Educación- poner progresivamente al niño y después al adolescente en
condiciones de hacer una elección libre y juiciosa de una o varias actividades
deportivas que practicará, después, el mayor tiempo posible. Es conveniente
sobre todo prepararle para las actividades físicas de la edad adulta que son
fundamentales, porque es en el período adulto ( período de responsabilidades
familiares y sociales) cuando el hombre tiene necesidad de gozar de una buena
salud y de sentirse físicamente apto.
4. Importancia de las
actividades al aire libre.
En el mundo
actual que tiende cada vez más hacia una civilización urbana es necesario que
las actividades físicas al aire libre ocupen un lugar importante, tanto en las
escuelas como en los ratos libres de los adultos, por ser estas actividades
eminentemente formadoras, liberadoras y equilibrantes.
5. La motivación del
ejercicio.
Sólo hay
educación verdadera a partir de un compromiso voluntario de la persona, a
partir de una participación activa por su parte. Lo importante, desde el punto
de vista pedagógico es, por consiguiente, encontrar la motivación que lleve al
individuo a actuar de forma útil para su propio progreso. la psicología moderna
afirma que la mayor parte de los intereses se crean por la educación y el medio
(la familia, el grupo social, la propaganda).
Pero existe
un interés fundamental, universal, específico del ser humano: es el deseo de
ponerse a prueba, de superarse, es “la búsqueda de logros”. Esta necesidad de
afirmarse y de superarse anta cualquier actividad se manifiesta en el juego y
en el deporte. Por consiguiente, el hombre es fundamentalmente un ser deportista
en el amplio sentido de la
palabra. Esta es una de las distinciones fundamentales con
respecto al animal.
La
motivación lúdica y deportiva debe ocupar, por consiguiente, un lugar
importante en la educación física.
Pero debe
utilizarse con prudencia y sobre todo no ser la única que se ponga en juego.
Salvo en los primeros períodos escolares (4 a 8 años aproximadamente) ningún sistema
educativo podría basarse únicamente en el juego.
Es preciso
también, a fin de dar al niño una preparación para la vida, que aparezca
claramente la noción de trabajo y que finalmente, el niño tome gusto al
trabajo.
La
motivación deportiva habitual (unida a la competición) es de lo más compleja.
Está formada -y a menudo deformada- por la influencia del medio social.
Responde además a un carácter muy marcado del mundo actual; “la lucha por la
vida y la eliminación del adversario”, carácter que sería deseable sustituir,
en favor de un mundo futuro fraterno, por el esfuerzo solidario por el progreso
mutuo. Para que sea útil la motivación deportiva es preciso que se desprenda,
superándole, de cierto contexto social peligroso a veces para la
educación.
Es
necesario ampliar la noción de motivación deportiva y considerar que cualquier situación, cualquier ejercicio
que lleve al niño a conocerse mejor, a probarse y a afirmarse, es para él
interesante, es en cierto modo acto deportivo.
También hay
“acto deportivo”, descubrimiento y prueba de sí, en los ejercicios educativos
propiamente dichos (el esfuerzo voluntario plenamente consciente y metódico
para el desarrollo sistemático de las cualidades de base) en la acción
orientada hacia la ayuda mutua, en el esfuerzo grande al aire libre, fuera del
ámbito cerrado del deporte de competición y de la influencia de los espectadores,
etc. Un educador consciente de su alta misión no podría descuidar estas nobles
motivaciones que constituyen, por otra parte, el verdadero espíritu
deportivo.
6. Acción educativa del grupo
e influencia del medio social.
La educación
en el mundo actual es esencialmente de orden colectivo. La relación
“maestro-alumnos-grupo de alumnos” está considerada a nivel de escuela o de
club como un factor fundamental en la acción educativa.
La educación física debe
contar, cada día más, con la psicosociología para la determinación de sus
métodos pedagógicos y debe siempre tener en cuenta la influencia favorable o
desfavorable del medio social.
E) LOS EDUCADORES.
Las
técnicas, las formas pedagógicas y las posibilidades materiales, incluso, no
son más que instrumentos cuyo uso eficaz depende, en definitiva, de quienes los
utilizan. Es esencial que los responsables políticos y administrativos de los
diferentes países tomen conciencia clara de que el éxito de sus esfuerzos en
favor de la Educación
Física está en función en primer lugar, del número suficiente
y de la preparación de los educadores.
La misión
de educar a través de las actividades físicas exige sólidos conocimientos
biológicos, psicológicos y sociológicos y una buena formación pedagógica. En el
delicado período de la infancia y de la adolescencia especialmente, esta misión
debería ser confiada únicamente a educadores que hayan recibido una sólida
formación a nivel universitario.
En la
formación de estos educadores debe marcarse el acento sobre la cultura general,
los conocimientos científicos y técnicos fundamentales (conocimientos que
tienen un valor general y permanente) sobre las intenciones educativas y sobre
el desarrollo del espíritu científico. El estudio profundo de las técnicas
deportivas -muy variadas y cambiando constantemente- debe ser considerado como
una libre especialización durante y después de los estudios generales.
Pero es
preciso también formar almas de educadores, infundir la fe y el entusiasmo por
la obra a realizar, desarrollar las cualidades esenciales del pedagogo que son
: el amor a los alumnos, la abnegación, el respeto al hombre, etc. Los
educadores físicos deben ser, y continuar siéndolo el mayor tiempo posible,
ejemplos de buena condición física y espíritu deportivo. Este nivel
universitario de formación es igualmente deseable para los educadores que
ejercen en sectores diferentes del de la escuela: clubes deportivos, ejército, educación física para
adultos, lo cual puede conseguirse en numerosos países tan pronto como los
gobiernos concedan los créditos necesarios. Pero para satisfacer las múltiples
necesidades es preciso prever -especialmente para el deporte de masa y la
gimnasia voluntaria para adultos- la formación en gran número de animadores e
instructores que -bien de forma gratuita, bien retribuidos por dedicación
parcial o dedicación plena- puedan asegurar la puesta en práctica de estas
actividades. Una formación técnica sencilla pero precisa, el buen sentido, la
abnegación, el arte pedagógico y una sana concepción de las actividades físicas
puestas al servicio de lo humano son, en este caso, las cualidades
esenciales.
F) LAS CONDICIONES ADMINISTRATIVAS Y MATERIALES.
Para que la
educación física
sea eficaz, es indispensable que las autoridades directamente
responsables:
1. Emprendan una acción eficaz en lo que a la
organización de la educación
física se refiere, no sólo en la Enseñanza Básica
(6 a 14
años) sino incluso en la escuela maternal (2 a 6 años). Este es el verdadero punto de
partida y es por desgracia el sector más descuidado en la mayor parte de los
países.
La acción
educativa es, en efecto, imperiosa y decisiva en este período de gran
maleabilidad orgánica y psíquica.
El árbol de
joven torcido difícilmente se endereza.
Los
Derechos del niño, afirmados en la declaración del 20 de diciembre de 1956 de la Asamblea General
de las Naciones Unidas, podrán salvaguardarse únicamente si las escuelas, los
padres y el grupo social proporcionan al niño una educación física
concebida en función de sus necesidades y de sus posibilidades.
La educación física del
niño debe tener un seguro valor formativo y educativo y no puede limitarse a un
simple recreo.
2. Establezcan un horario lo suficientemente amplio
que permita la práctica de la educación física obligatoria en las escuelas y que
hagan, en suma, que este horario no sea teórico. Es indispensable un mínimo de
5 horas por semana. Este horario debe completarse con actividades físicas
libres, fuera de la escuela, bajo forma de entrenamiento especializado, de
juegos deportivos y de actividades al aire libre.
3. Emprendan
una acción eficaz, que se traduzca en forma de propaganda (en particular
en los periódicos y a través de la TV) y de ayuda positiva en pro de la educación física,
higiénica y recreativa de los adultos (“gimnasia voluntaria”) y del “deporte
para todos”.
Las
actividades recreativas no deben estar por completo en manos de las empresas
comerciales para las que los fines educativos, cuando existen, quedan,
lógicamente en segundo plano.
Debemos
confiar en que las condiciones políticas y económicas en el mundo de mañana
permitan a todos los individuos gozar del tiempo suficiente para la práctica de
actividades recreativas sanas.
4. Multipliquen las instalaciones materiales que
satisfagan la necesidad de actividad física de la masa, de los niños,
adolescentes y adultos, necesidad cada vez más creciente en un mundo mecanizado
en el que el esfuerzo físico tiende a ser suprimido. En este indispensable
esfuerzo de equipo deportivo conviene dar una absoluta prioridad:
· A las salas para la práctica de la Educación Física,
a las piscinas y a los terrenos deportivos, sencillos y prácticos y en número
suficiente, en el interior o en las proximidades inmediatas de todos los
establecimientos escolares y universitarios.
· A instalaciones similares en todos los
grandes conjuntos residenciales y barrios de las ciudades: estadios populares y
salas públicas de Educación
Física (no comercializadas) abiertas a todos, a cualquier
hora, para el entrenamiento regular, individual o en grupos organizados:
instalaciones sencillas y poco costosas provistas de personal suficiente para
su mantenimiento, vigilancia y “asesoramiento “
(retribuidos por el Estado, las municipalidades o los clubes).
· A los terrenos de juego amplios, sin
tribunas, pero con vestuarios convenientes y duchas, instalados al menos en la
periferia de las grandes ciudades.
· A las instalaciones sencillas, pero
suficientemente amplias y confortables para facilitar la práctica de las
grandes actividades al aire libre: vela, alpinismo, marchas, canoa, etc.
Los valores
positivos del esfuerzo educativo deben ser la preocupación primordial de los
educadores y de las autoridades. Para que esta afectividad se logre es
indispensable:
· Que se emplee “plenamente” y de una
manera óptima el tiempo establecido para la práctica de la Educación Física. No
hay que perder nunca de vista que los dos factores esenciales para la eficacia
de una acción educativa son la intensidad y la frecuencia (adaptadas a las
necesidades de las personas). Tres sesiones de una hora por semana,
distribuidas con intervalos convenientes son mucho más eficaces que una sola
sesión de tres horas, teniendo en cuenta el tiempo real consagrado a la
actividad física.
· Que se tenga en cuenta la necesidad de
una educación permanente, desde la infancia a la vejez, porque los efectos del
entrenamiento son sólo provisionales y no basta con haber hecho deporte, por
ejemplo entre los 15 y 20 años, si después se descuida el entrenamiento
físico.
· Que se emprenda una acción especial en
pro de los débiles, los deficientes y los minusválidos, es decir hacia aquellos
que tienen mayor necesidad de la ayuda de la sociedad.
La
efectividad de la
Educación Física no se define en función de las victorias
obtenidas por los especialistas mejores sino a nivel de enriquecimiento
-ciertamente mucho más difícil de juzgar- que puede aportar a los valores
físicos, intelectuales y morales, a nivel de la eficacia social y finalmente de
las oportunidades de bienestar de cada individuo.
Copyright © por EL PORTAL DE EDUCACION FISICA, deporte escolar, actividad física y salud Derechos Reservados.