Los padres y la educación de los hijos

por | 10 Febrero, 2008

POR LA PRENSA diaria y otros medios de comunicación estamos advirtiendo un alarmante índice de violencia o conflictividad escolar. En una ambiente así es imposible cualquier tipo de aprendizaje. Y por supuesto influye de manera determinante en el fracaso escolar, del que tanto se habla y escribe. Según la agencia Efe, “el 87,3 % de los profesores de enseñanza obligatoria atribuyen los casos de estudiantes conflictivos a que en casa se les deja hacer todo lo que quieran, y sólo el 21,5 % creen que los padres dedican atención suficiente a las tareas escolares de los hijos”. Personalmente opino lo mismo, junto al siniestro “plan” de enseñanza, que merece una columna aparte.

No se trata de buscar culpables sino de dar soluciones. Y la posible solución tal vez esté en delimitar bien los ámbitos de competencia y de actuación de los padres y de los profesores, porque ambos tienen distintos campos de acción aunque complementarios para la educación de los chicos -cuando digo padres me refiero a la madre y al padre, lo mismo que cuando digo profesor o niño-. Unos y otros deben actuar en la misma dirección y sentido, en un ambiente de colaboración, respaldados por la Administración con disposiciones serias, eficaces y que contribuyan a fortalecer la tarea tanto del padre o de la madre como del profesor.

Pienso que los profesores deben tener una responsabilidad en todo lo relacionado con la instrucción y aprendizaje de los alumnos. En los aspectos técnicos de la enseñanza, como la determinación y secuenciación de los objetivos, contenidos y criterios de evaluación. De todo ello informan a los padres al comienzo de curso. Así como a los alumnos, de las dificultades de cada materia o de lo que les van a exigir y las estrategias para superarlas. Los profesores tienen o deben tener una legítima autonomía.

La tarea de los padres, propiamente dicha, es la educación del hijo como persona. Intentar fomentar y estimular todas las buenas cualidades que tenga el niño y corregir aquellas que no sean tan buenas; los padres tienen que corregir cuando sea necesario, y cuanto menos mejor, pero no pueden ser permisivos, ni temerosos. Tienen que ser exigentes y comprensivos; ejercer su autoridad, que es lo que les da seguridad a los hijos. Los niños tienen que sentirse muy queridos por sus padres, que no tiene nada que ver con estar mimados o consentidos.

Todo este quehacer como padres hay que empezarlo cuanto antes, de pequeñitos. “Los padres tienen que ir por delante para llegar a tiempo”, como dice José Ramón Ayllón -filósofo y escritor, que ha sido profesor de Filosofía y Literatura en secundaria durante quince años-. En educación, como en medicina, es mejor prevenir que curar. Hay que inculcar en los hijos unos valores o virtudes humanas -hábitos operativos buenos- para la convivencia escolar en un principio y, después, para la vida. Por ejemplo, la obediencia. No me refiero a la obediencia ciega, sino a la obediencia inteligente; un niño que no sabe obedecer es incapaz de aprender. El respeto. A un niño hay que enseñarle a respetar a los demás, porque, si no, no respeta “ni a su padre”; el padre, la madre o el profesor no pueden ser un “colega” un amiguete más: la educación no es ni debe ser una relación entre iguales. La solidaridad o generosidad para aprender a compartir con todos. La laboriosidad, saber distinguir el juego -aunque el juego es muy importante para el desarrollo del niño- del trabajo o tarea escolar; fomentar hábitos de trabajo, estudio, lectura. Eso de aprender jugando o sin esfuerzo no es cierto; ha sido la “moto” que han querido vender y éstas son las consecuencias. Aprender a distribuir el tiempo para ver la TV o Internet. La sobriedad, acostumbrarse a no tenerlo todo, etc. Hay libros muy buenos en este sentido, para educar en valores, virtudes humanas o sobre la televisión, el tutor del niño o de la niña siempre puede sugerir alguno.

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Para no alargarme, dejo para otro día un tema de mucho interés: la relación padres-centro educativo o la entrevista con el tutor; es una colaboración clave y fundamental para el éxito escolar.

La educación de los hijos debe ser integral: física -la educación física y el deporte tienen mucha importancia-, intelectual -inteligencia, voluntad y afectividad- y espiritualidad. Estamos metidos en un hedonismo, en un materialismo y un relativismo a ultranza, lo que motiva muchas frustraciones, fracasos en los estudios y conductas violentas; porque se olvida la dimensión espiritual de la persona. Por ello, cada niño debiera ser educado en las creencias de sus padres; esto es un derecho inalienable de los padres, que tienen derecho a exigir. Para los no creyentes buscar otra alternativa digna. Los católicos, a que se les imparta clase de Religión a sus hijos. Es esencial para un niño o una niña que empiece a dar sentido a su vida.

Todo esto los padres lo pueden lograr, en palabras de Juan Pablo II, con el amor entre los padres -los chicos soportan muy mal la separación de sus padres, lo pasan fatal- con el amor a los hijos, con el ejemplo y con el diálogo

Francisco M. González * Orientador familiar

fmgszy@terra.es

Fuente: http://www.eldia.es/

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