Obesidad infantil es un problema mundial

por | 11 Febrero, 2008

La obesidad infantil, actualmente es una epidemia de los paises industrializados, que ha crecido como una bola de nieve y que por las previsiones para los proximos años, será imparable.

Con graves consecuencias como la aparición de enfermedades exclusivas de los adultos hasta hace sólo unos años, y su relación cada vez más estrecha con la muerte prematura y diversos tipos de cáncer.

Los cambios en el estilo de vida son los determinantes de una infancia feliz y una vida saludable

La obesidad se ha convertido en un “handicap”, anglicismo que indica desventaja frente a otros y que está determinado por su severidad y por la situación que lo enmarca.

A diferencia de una persona discapacitada, la cual está impedida o entorpecida en alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas.

Las personas afectadas por sobrepeso y obesidad son, a menudo, víctimas de estigmatización y discriminación a todas las edades y en todas las esferas sociales y laborales.

En el mundo contemporáneo, en el cual la lucha por sobrevivir, se basa en la capacidad de alcanzar una vida personal, familiar, social y laboral, “perfecta”, donde el que no luche por dicho esquema no entra en la competencia desenfrenada por tener aquel sueño imposible, y por ello, frustrante.

Los cambios constantes de una sociedad que ha modificado los parámetros de salud mental y física, por el de la satisfacción pronta e inaplazable de los deseos, mezclada con una insatisfacción permanente por lograr las metas que nos ha impuesto. Nos ha llevado a circular en un solo sentido.

La obesidad es una de las grandes consecuencias de este cambio, el resultado de un ambiente de abundancia calórica y relativa inactividad física, que además está influenciado por un genotipo susceptible de padecerla.

También es hora de reconocer la lucha sin tregua de estas personas, entender los desafíos que enfrentan y apoyar su esfuerzo durante toda la vida para tener una mejor salud, retomando los hábitos de vida saludable.

Luchar contra las constantes tentaciones que existen en el mercado, no es una labor fácil, ya que la modernidad nos ha llevado a que cada vez, tengamos menos tiempo para preparar e incluso consumir los alimentos.

Hay que cambiar la forma de ver la alimentación y entender su importancia. Nuestro sistema de vida que incluye la alimentación y la actividad física, son los cimientos de nuestra vejez.

Lo que hace que algunas personas respondan de forma diferente, unas guardando más energía en la abundancia y otra quemando menos grasa en épocas de escasez, tiene relación con sus genes.

La herencia es algo que no podemos modificar, pero nuestra forma de vida puede influir positiva o negativamente en su comportamiento.

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Los genes no son una condena del destino, la obesidad se puede prevenir o controlar con una combinación de dieta, actividad física y medicamentos.

En muy contadas ocasiones, las personas sufren mutaciones en genes individuales que resultan en una obesidad severa que se inicia en la infancia.

El estudio de estos individuos ofrece conocimientos sobre los complejos mecanismos que regulan la ingesta y el gasto de energía. Pero la prevención sigue siendo el mejor frente de acción contra la obesidad.
El metabolismo del ser humano, está marcado por miles de años de evolución.

Tratando de perfeccionar la capacidad de adaptarse a los cambios, y guardar energía en forma de grasa en ambientes caracterizados por frágiles cadenas alimentarias.

En otras palabras, quienes eran capaces de guardar energía en tiempos de abundancia, tenían mayores probabilidades de sobrevivir durante los períodos de hambrunas y transmitir esta tendencia a sus descendientes.

Ésta ha sido la forma de supervivencia del ser humano desde sus orígenes, pero los cambios sociales, que han afectado la forma de ejercitarnos y alimentarnos han sido tan rápidos, que no han permitido rediseñar una nueva forma de almacenaje de energía.

A pesar de la variación diaria en la ingestión de calorías y la actividad física en un individuo normal, es meritorio mantener un peso corporal estable.

Debido a la importancia fisiológica que tiene conservar reservas de energía, es muy difícil bajar de peso voluntariamente sin recuperarlo luego.

El almacenamiento de grasa está regulado durante períodos largos de tiempo por sistemas complejos de interacción entre el tejido graso, el cerebro y las glándulas endocrinas, como el páncreas y la tiroides.

El sobrepeso y la obesidad pueden resultar de un sutil desequilibrio de mayor ingestión de energía durante un período largo de tiempo, lo que significa llenar las reservas sin tener períodos de escasez en el cual gastarlas.

Una razón que con frecuencia se utiliza para no tratar a un niño obeso es pensar que el niño dejará de serlo sin tratamiento al llegar a la edad adulta

Sin embargo la realidad es diferente, pues dependiendo de la edad de inicio de la obesidad y su gravedad, se incrementará el riesgo de obesidad en la edad adulta. Un niño se considera obeso cuando su peso es superior al 20% del ideal.

Cuando la obesidad se inicia entre los seis meses y siete años de vida el porcentaje de los que seguirán siendo obesos en la edad adulta es de hasta el 40%, mientras que para los que comenzaron entre los 10 y 13 años, las probabilidades serán del 70%.

Fuente: http://elnuevodia.com.ve/

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